Jamey Johnson - The Guitar Song (2010)
Un detalle puede ser la primera evidencia de grandes diferencias.
Ni siquiera recuerdo el último álbum de estudio que una estrella mediática del Country editara en formato doble, demasiado preocupados por no transgredir las normas de una Industria que marca qué, cómo y cuándo debe editarse un disco. Jamey Johnson no tiene reparos en hacerlo con su trabajo de 2010 The Guitar Song. Sucede, algunas veces, que el verdadero talento necesita espacio para explayarse. El álbum está estructurado en dos partes, dos discos, dos tipos de vivencias… dos colores: negro y blanco. El propio Johnson lo definía como: “Un cuento. La primera parte es una historia sórdida y muy oscura. Todo lo que viene después es progresivamente más positivo, reconfortante y redentor”.
La calidad y calidez del trabajo ejecutado sumando los veinticinco cortes que completan el álbum es apabullante, sin rellenos. Las dotes compositivas de Johnson brillan a la altura esperada a la que ya nos tiene acostumbrados, y su interpretación no va a la zaga. Deja que sea el corazón el que hable de emociones y experiencias vitales que a menudo no son agradables, pero precisamente por ello son de una palpable realidad. También huye de los parámetros habituales al grabar con su banda de carretera, reforzando los lazos personales con cada corte. Unos músicos a los que permite disfrutar del suficiente espacio para que de verdad puedan tocar sus instrumentos. Él mismo lo hace asumiendo la labor de guitarrista, llegándose a quedar desnudo de cualquier otro acompañamiento en alguno de los temas más intimistas (“That’s Why I Wrote Songs”). Su voz y su interpretación llenan esos cortes. No necesita más, como los verdaderamente grandes.
Igualmente impecable tanto en la elección como en la ejecución de las cuatro versiones de clásicos que completan el álbum, siempre en línea con la actitud Outlaw que impregna este trabajo de principio a fin. Desde los primeros acordes del poco conocido tema del icónico Honky-Tonker prematuramente desaparecido Keith Whitley “Lonely at the Top”, que abre el primer CD, hasta la última nota del evocador y apasionado “My Way to You” que cierra el segundo, pasando por el tema que firma con Bill Anderson que da título al álbum, y en el que este último también es invitado a cantar. Aquí no hay una pose de fingida rebeldía,The Guitar Song nada a contracorriente del ‘mainstream’ en un encomiable esfuerzo por mantenerse fiel a unos parámetros que el Country contemporáneo parece empeñado en hacer desaparecer.
Pocos discos me ofrecen tan pocas dudas en su valoración. The Guitar Song es uno de los mejores álbumes de Country editados hasta el momento en el siglo XXI, y de los pocos con una más que evidente capacidad para resistir el paso del tiempo y llegar a convertirse en un clásico del estilo en el futuro.
Playing the Part, un video que dirigió Matthew McConaughey... con sorpresa final
Lonely at the Top
Comentarios
Cuando anunciaste que habías actualizado los datos en la biografía, justo estaba empezando a trabajar en este comentario tras haber repasado el disco y haber quedado maravillado... otra vez.